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PASEO POR PICU URRIELLU
Recibo un mail preguntando por escaladores de
México,
está allí y quiere escalar. ¿De que voy a conocer yo a escaladores
mexicanos? Pero bueno, la chica parece maja. Después de unos cuantos mails
quedamos en Unquera el día 19 de agosto. Vamos al Naranjo. No se edad, ni
lo que escala, ni si será capaz de subir hasta Vega de Urriellu, pero
bueno, algo me dice que será buena experiencia. Al menos tiene arnés,
casco y expreses.
Hemos quedado a las tres, y allí estoy yo, esperando casi
media hora ya. Esto de la nueva autovía está muy bien, habrá que adaptar
los horarios. Llega un coche rapidillo, lo conduce una niña, gafas de sol,
camiseta térmica roja (hace lo menos 40 grados) y cinta en el pelo. Sin
parar me mira, sonríe (empezamos bien) y haciendo una especie de medio
trompo cruza los dos carriles y aparca a mi lado. ¡Vaya primer contacto!
Las cuatro,
estamos en Pandébano. La niña
trae un mochilón, de esos de llevar los libros al cole. ¿Ahí lleva todo?
Parece que si. Mi mochila es cuatro veces más grande, y vamos al mismo
sitio, a hacer lo mismo. Se nota es una mujer de mundo, con recursos.
¿Llevas comida? Si, dice, un trozo de empanada de carne y un poco de
tortilla. ¿Con eso piensas vivir dos días, y encima escalando? ¡La
tortilla es de mi tía Pili! Bueno, parece que su tía Pili hace milagros
con la tortilla, ya veremos.
Las seis, y estamos en Vega de Urriellu. La niebla
nos ha mojado en la subida, y ahora no alcanzamos a ver el Picu. Mal tiempo,
pero por la mañana hará mejor, suponemos.
Cenamos con unos catalanes, que conocen al
Manonegra, el rarito e impresentable con una web
especialita.
(que mala suerte tienen), y también hay en la mesa un
par de Madrileños, José Núñez y Diego. A José le conozco del Yelmo, en
Pedriza. Quieren hacer la Cepeda, y tienen el croquis que han sacado de mi
web, lo que les augura pocas posibilidades de éxito.
Las siete de la mañana, 20 de agosto. Los
madrileños nos despiertan, y desayunamos con ellos. Comenzamos a subir la
Canal de la Celada. Hay una niebla que no deja ver el Picu. Subimos y
subimos y no sabemos donde estamos. Yo calculo que a la altura de la cara
Este. En ese momento se abre un poco la niebla y vemos la cara Este junto a
nosotros. La niña y los madrileños casi se caen de culo de la emoción, no
conocían el Picu, y la vista les sorprende. Hay una cordada en Espejismo de
Verano y otra en la Cepeda. Parece que José y Diego no se meterán. La
niebla les da mal rollo, y no me extraña. Dice la niña que se vengan con
nosotros a la Sur, y se vienen, que para algo lo dice la niña.
Comenzamos la sur, con la
niebla a nuestros pies. En un agradable paseo, la
niña y yo llegamos al anfiteatro, y desde allí, en unos minutos alcanzamos
la cima. Vaya con la niña, parece que esté echando carreras. Nos hacemos
las fotos de rigor, con la virgen y el mar de nubes, todo muy típico.
Esperamos a José y Diego, nos tienen que hacer la foto de cima. Nos
asomamos y les vemos llegando al anfiteatro. ¿Aún tan abajo? Si, niña, es
que tu y yo somos unas máquinas de escalar. Les hemos sacado una hora. Yo
he subido tres o cuatro veces por ahí, y la niña corría que perdía el
culo, fácil. En cambio ellos, su primera vez en Picos, ya se sabe. Y José
andaba un poco dubitativo. Pero bueno, nos proponemos no chulearnos
delante de ellos ;-)
Ya
de bajada, la niebla se ha retirado de la cara Este, y decidimos entrar en
la Espejismos de Verano. La niña dice que se acaba la cuerda, y yo en
una repisita y sin reunión. Esto de no tener croquis es un problema. En
último caso hago 10 metros a la derecha y me voy a la Cepeda, pero decido
subir un par de metros más, y ahí está, la reunión. ¡Toma ya! ¿Qué
fue de los buriles? Dos parabolts, cadena y argolla. La niña se queja de
los gatos, que le hacen daño. Ummmm, creo que la escalada se acaba. Le doy
al siguiente largo, y la niña me sigue, rápida, pero se descalza y dice
que no aguanta más, que los gatos están terminando con sus pies. Lo cierto
es que esos gatos no quedan bien ni a la Barbi, parecen de juguete. En el
refu ya le dije que le harían daño, y dijo que no. Lo más largo que
había escalado eran bordillos de 15 metros... Decidimos dejarlo, además se
hace tarde, y hay que volver a casa. Diego se ha currado los dos largos de
primero, y está alucinando con el Picu, jeje.
Llegamos al final de la Celada, y la
niña se empeña en ir a Sotres. El refu queda hacia arriba, niña, que la
niebla te ha despistado. Pagamos (44 euros, sin federar, cena, pernocta y
desayuno) y nos despedimos de los catalanes. Dos de ellos están en la
Rabada, terminando el Gran Diedro, un chico y una chica. Son las 6 de la
tarde, y entraron a las 7 de la mañana, van un poco justos. Ya me gustaría
saber si la terminaron en el día, aunque supongo que si.
En hora y media de bajada estamos en el coche. Comemos la
tortilla de la tía Pili y la empanada. Una hora después nos despedimos en
Unquera. En fin, lo bueno dura poco, y la compañía de Macarena, claro
está, duró poco.
EL PASEO CONTINUA
Día 21, mediodía. Tengo un mensaje en el
contestador, es ella, ¡la niña! Dice que mañana a las 8,30 en Unquera.
Debe ser mi semana de la suerte. Llamo a Jon, y el jueves 22 a las 8,30
estamos en Unquera, esperando (¡mujeres!). Las presentaciones de rigor, y
para Sotres.
En Fresnidiello subimos por Separación Real, 300m, 6a (un
paso). La niña parece que va de excursión, ¿esto es escalada?. En la
reunión de debajo del techo, se empeña en hacer la cima. Es para ver el
paisaje, dice, y hay una niebla que no deja ver nada, pero bueno, la niña
es la jefa de expedición, y nosotros a obedecer. Y claro, hay que subir a
la cima, cuatro metros de roca y lo demás de hierba, ¡genial!
Bajamos al coche, comemos algo y nos vamos hacia el Urriellu. Jon nos
saca casi media hora en la subida, me hubiese gustado subir con él, pero
por no dejar sola a la niña, decido subir despacio, con ella (esto no se lo
cree nadie).
Día 23, una niebla y unas nubes que asustan. Nos borramos del
refugio y decidimos volver a Sotres. Pero la niña tiene otros planes,
terminar Espejismo de verano, y lo dice. El caso es que con la mochila
preparada para irnos de Vega Urriellu, nos subimos a la Cara Este. Entramos
en la vía y en menos de tres horas estamos en el agujero de salida de la
Cepeda, no está mal, para escalar con una niña. Por cierto, el paso de la
Cepeda cada día patina más.
Día
24. Hemos dormido bien, el refugio casi vacío, la meteo anuncia
tormentas fuertes, granizo y 30 litros por metro cuadrado. Sin mirar hacia
el Picu (no se ve) bajamos a Sotres, a Fresnidiello. Comiendo algo en el
aparcamiento vemos a tres escaladores de Pola de Siero que están junto a la
pared. Llueve, recogemos y a intentar hacer bordillos en Arenas de
Cabrales.
Arenas, deportiva con doble cuerda, gato gordo y reverso.
Llegan los tres de Pola, en Fresni llovía. Dos horas de vidilla y a llover.
A las 18,30 la niña coge el autobús y nosotros para casa, comentando la
jugada. -Hemos escalado tres días de tres -Con este tiempo parecía
imposible. -Maja chica, ¿a que si? -Pues si, a ver si la volvemos a ver.
El Tiempo por Meteored.com
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